Cuando el poder se impone: una lectura humanista de la intervención en Venezuela (Comunicación No Violenta, poder y narrativa ante un conflicto geopolítico de gran envergadura)
- Mauricio Durán

- 4 ene
- 4 Min. de lectura
La captura del presidente Nicolás Maduro y las decisiones políticas y militares que rodean ese hecho marcan un momento profundamente conflictivo en la historia contemporánea de Venezuela y de las relaciones internacionales. Más allá de las posturas ideológicas, este suceso nos invita a detenernos y preguntarnos:
¿Qué necesidades humanas se encuentran detrás de las decisiones que escalan la violencia y la imposición?
Para abordarlo desde una perspectiva humanista —como la Comunicación No Violenta (CNV) y la terapia narrativa— debemos mirar no solo lo que ocurrió, sino cómo y por qué se eligieron las estrategias que se eligieron.
CNV: poder “sobre” versus poder “con”
La CNV distingue dos lógicas radicalmente diferentes de ejercer el poder:
Poder “sobre”: basado en control, imposición, castigo y dominación.
Poder “con”: basado en cooperación, diálogo, corresponsabilidad y reconocimiento mutuo.
En este contexto, la intervención militar, la captura forzada y el anuncio de una administración tutelada representan una expresión de poder “sobre”. Se decide por otros, sin su consentimiento, qué rumbo debe tomar una nación, imponiendo una solución desde fuera. Esta forma de actuar no solo ignora la soberanía, sino que también oculta —bajo discursos de protección o justicia— la persistencia de estrategias que refuerzan jerarquías y exclusión.
Uso de la fuerza: ¿protectivo o punitivo?
Un principio central de la CNV es diferenciar:
Uso protectivo de la fuerza: para detener un daño inminente con el menor impacto posible y sin humillación.
Uso punitivo de la fuerza: para castigar, imponer lecciones o reafirmar dominio.
Aunque los discursos oficiales puedan justificar la acción en términos de “restauración del orden” o “protección de la democracia”, la escala del despliegue militar y las implicaciones de “gobernar” una nación ajena señalan más hacia un uso punitivo de la fuerza que a uno realmente protectivo.
La pregunta que surge desde la CNV es:
¿Qué necesidades no satisfechas llevaron a quienes tomaron esta decisión a favorecer estrategias punitivas en lugar de protectivas o dialogadas?

Separar a la persona del problema: la terapia narrativa
La terapia narrativa nos enseña un principio clave:
La persona no es el problema; el problema son las estrategias, que en este caso, han dominado la historia.
Esto evita la deshumanización y permite comprender que detrás de acciones graves hay seres humanos con necesidades y experiencias, incluso cuando sus estrategias han sido destructivas e impactantes.
¿Qué podría haber estado en juego para Nicolás Maduro?
Sin validar prácticas autoritarias ni violaciones, es posible hipotetizar que la gestión prolongada del poder haya estado atravesada por necesidades humanas como:
Seguridad (personal y del entorno político)
Control sobre estructuras centrales de poder
Legitimidad social y política
Pertenencia y estabilidad para sus seguidores
Las estrategias elegidas —concentración del poder, control de instituciones, respuesta represiva ante la disidencia— pueden leerse como intentos fallidos de satisfacer necesidades legítimas por medios que profundizaron el conflicto, reduciendo la posibilidad de diálogo y acuerdos.
Cuando un líder se identifica con el problema (“mi persona es la garantía de estabilidad”), se vuelve difícil imaginar salidas que no impliquen confrontación o eliminación de amenazas percibidas, generando impactos fuertes y profundos en el entorno.
¿Y qué necesidades podrían haber impulsado la acción de Estados Unidos?
Desde la perspectiva de quienes impulsaron la intervención, también es posible identificar necesidades humanas subyacentes, aunque no justifiquen la violencia:
Necesidad de seguridad geopolítica o económica
Deseo de control y previsibilidad regional
Reafirmación del liderazgo en el escenario internacional
Presión para mostrar capacidad de respuesta ante aliados y adversarios
La estrategia elegida —intervención directa con despliegue militar y control temporal— nuevamente refleja una elección de poder “sobre” antes que de poder “con”. El otro (hablando de personas) es tratado como objeto a reformar, en lugar de sujeto con el que co-crear soluciones. Aunque en este caso, pareciera previsible que ambas personas (Trump y Maduro) son personas con estrategias casi inamovibles, con poca posibilidad de conectar con sus sentimientos y necesidades para poder mediar y co-crear estrategias que atiendan realmente necesidades, y no solo propias, sino de las naciones que gobiernan (o gobernaban).
La narrativa dominante y sus límites
Las narrativas construidas en torno al conflicto tienden a polarizar:
Maduro como “tirano”
Venezuela como “estado fallido”
Intervención como “necesaria”
Soberanía como secundario
Estas narrativas empobrecen la posibilidad de entender matices, escuchar necesidades y explorar rutas alternativas. Cuando el problema se convierte en identidad (“soy el salvador” o “soy el enemigo a derrocar”), la violencia deja de ser un último recurso y se vuelve la única historia disponible. Y lo que sucede en el fondo es que se crean procesos adversariales, en donde una persona es percibida como la 'mala' de la historia, y la otra como la 'buena' y salvadora. El bien merece premio y aplauso, el mal merece castigo y vituperio. "O estás conmigo, o contra mí". Desde los procesos adversariales, se deshumaniza a las personas, se les deja de ver como personas con sentimientos y necesidades. Y todo esto lleva a más violencia. Violencia que transmina y va más allá de los liderazgos autoritarios, se ve, se palpa, se huele en el entorno, sin ir más lejos, en las mismas redes sociales, se polarizan las personas y se ven las unas a otras como los 'buenos' o los 'malos' por estar 'a favor' o ' en contra'.
Reflexión humanista
La CNV no niega la existencia de daño, responsabilidad o la necesidad de detener violaciones graves a los derechos humanos. Pero nos recuerda que:
la violencia institucionalizada es siempre un síntoma de relaciones rotas, no una solución duradera.
Si continuamos organizando nuestras relaciones —ya sea entre individuos, personas, vaya, o entre Estados— desde el castigo, la imposición y el control, seguiremos viendo conflictos que cambian de forma, pero no de fondo.
Quizá la pregunta más desafiante no sea quién tiene poder ahora, sino:
¿qué humanidad(es) quedó (quedaron) fuera cuando se eligió el ejercicio del poder “sobre” en lugar del poder “con”?
Te dejo un abrazo pendiente, hasta que nos volvamos a encontrar por estos lares virtuales.





Comentarios